miércoles, 13 de abril de 2011

EL ENCANTO DE LAS CUARENTAÑERAS Y NO CUARENTONAS JAJAJA

El encanto de las cuarentañeras

Es el único tema en el que soy radical e intolerante. En el que no escucho razones: las mujeres de mi generación son las mejores. Y punto.

Hoy tienen treinta y pico, cuarenta y pico, y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas, y sobre todo endiabladamente seductoras, a pesar de sus incipientes patas de gallo, sus gafas o de esa afectuosa celulitis que capitonea sus muslos y las hace tan humanas, tan reales y no tratan de ocultar debido a su seguridad. Hermosamente reales.


Casi todas, hoy, están casadas o divorciadas, o divorciadas y vueltas a casar, algunas prefieren conservar su soltería, simplemente por no tropezar con la misma piedra y con la idea de no equivocarse en el segundo intento, que a veces es un modo de acercarse al tercero, y al cuarto intento. Qué importa. Otras aunque pocas, mantienen una pertinaz soltería y la protegen como una ciudad sitiada que, de cualquier modo, cada tanto abre sus puertas a algún visitante. ¡Qué bellas son, por Dios, las mujeres de mi generación!

Nacidas con el influjo de la música de los Beatles, de Bob Dylan, de Lou Reed, el mejor cine de Kubrick, Star Wars, Vaselina, etc. y el inicio del boom latinoamericano, son seres excepcionales. Herederas de la “revolución sexual” de la década del 60 o 70 y de las corrientes feministas que en su momento tenían que llegar vírgenes al matrimonio, cosa que en la actualidad no pasa, que aprendieron las labores del hogar y se esforzaron por estudiar la universidad, aprender y ser cultas sin dejar su lado femenino.

Supieron ser, a pesar de su belleza, reinas bien educadas, poco caprichosas o egoístas. Diosas con sangre humana. El tipo de mujer que, cuando uno le abre la puerta del carro para que suba, entra y se inclina sobre la silla del conductor y le abre a uno desde adentro (la puerta jajaja). 

Las que iban a la disco, a disfrutar, divertirse y bailar y no a emborracharse y permitir que los amigos las saquen sin sentido cargando de el bar. Amables, finas y femeninas. ¿dónde quedaron esas mujeres? Por tal motivo muchos amamos las mujeres maduras, aunque muy pocos se atrevan a confesar. El miedo, el tabú a ofrecerle su amor a una mujer madura, ¿acaso eso será?, no lo se.


Por eso, para los que nacimos en la década del 60, nos debemos de festejar todos los días por el simple hecho de tener y que existan verdaderas mujer, mujeres de valor y principios, que saben escuchar, leer y escribir correctamente, no como las nuevas generaciones que está distorsionando el lenguaje. ¡Qué bellas son, por Dios, las mujeres de mi generación!

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